Críticas

 


Crítica para la 1º individual

Su historia como pintor es corta, pero ya comienza a manifestarse con seria y noble vocación.
Haciendo un breve recorrido por el contenido temático de los cuadros que ahora presenta, lo más importante para David “Pintor” es el Paisaje con todos los problemas que ello comporta: la luz, color, líneas, manchas, tensión de fuerzas expresivas, integración de contrarios, coherencia, unidad total… Con todo ello, resuelve su particular problemática.
Sus cuadros tan variados ya tienen un lenguaje personal, con una factura adecuada, una luminosa y chispeante paleta, rica de color y esmaltada de luces festivas, capaz de dar intensidad a lo que pudo quedarse en puro artificio.
La pintura de David Sancho responde a una distribución de elementos y una ordenada administración espacial, que ha derivado de la forma figurativa a una composición múltiple de armoniosa confusión.
En suma, los cuadros que ahora expone parten de unas composiciones estríctamente pictóricas y con ello nos propone poéticas historias de adivinación y realidad, siendo muy validas por pura plasticidad

 

                       Miguel Gutiérrez Fernández.

Catedrático de paisaje de la facultad de Bellas Artes de Sevilla

                                               Primavera 1996


Sus representaciones son en numerosos casos directas, sin posterior elaboración, como en algunos paisajes en los que sin duda se ha sentido emocionalmente involucrado.
     Otras veces, siendo más evocadas, en estas representaciones trasciende una  pretensión formal más elaborada o comprometida.
     Pero en todos los casos sus soluciones parten siempre de la pintura, colores articulados y armónicos al servicio de la expresión: el lenguaje plástico tiene un total protagonismo.
     Existen también en esta obra soluciones comunes a otros pintores del momento actual. Pero paralelamente , y esto es lo que a mi parecer le confiere una mayor importancia a su quehacer, se observa una intensa búsqueda personal que , sin duda , aporta realidad y consistencia a su pintura , y que nos invita a contemplar un futuro que esperamos con interés y atención
                                            Concha Hermosilla
                               Catedrática de pintura UCM
                                   Madrid, noviembre  1997

 


“ A David Sancho , por unas pinturas”

 

                                Escrito para “ Naturaleza Interior”

La naturaleza se cansa de oponerse a la nada. Por eso el tiempo aparece en las mitologías como ordenados del caos y su vacío sin limites. Y así, en el discurrir del tiempo todas las imágenes ocupan su estancia, aunque a veces los sitios parecen estar fuera de lugar. Cada segundo nuestros ojos pueden captar una docena de partes de una secuencia. Por eso el mundo se mueve y nos como en los cuadros. Por eso el mundo se mueve y nos como en los cuadros. Y es que los cuadros son eso: pedacitos del total de las cosas y del tiempo.
Una silla permanece quieta, como si la silla real. Y la luz parece querer quedarse, detenerse como un átomo de segundo entre sus contraluces, y elegir ese instante para soñarse a sí misma, convertida en estatua de sal al contemplar el centro del arco iris. No eres tú quien se detiene a mirarla, es esa imagen pintada la que se asombra de verte pasar y moverte a su lado, mientras ella permanece prisionera en su propio prodigio, enamorada sin remisión de su atrevimiento.
En esa cárcel de geometría y color ella está inmóvil aunque no varada, sigue estando aunque no la mires. Está hecha de fibra y yeso, y pintada con extraños artilugios neolíticos llamados pinceles, que se empapan en aceites y tierras de colores.
Parece una pérdida de tiempo, del ese que se ordena sumiso y gozoso en cada imagen mirada .Así se salva el caos de la mediocridad del azar.

 

                                     Jesús Martínez Labrador.                                                             Septiembre 2000


La obra de David Sancho no nos deja indiferente y la razón es muy simple. Cuando un artista plástico se enfrenta a su trabajo con la pasión y la disciplina que se refleja en su pintura de forma tan explícita, los resultados vibran y excitan, al igual que su paleta cromática, llena de color y movimiento. Deudor del lenguaje expresionista, sus gustos se hacen patentes a través de trabajos tan laureados como los de Willem De Kooning y Alfonso Albacete, síntesis y antítesis de su labor pictórica, pues Sancho cuenta con su propio dialecto artístico.
La importancia del color no contrarresta el empuje de la forma y el contenido, tres nociones que, aunque unidas como un todo, tienen entidad propia. Así, vemos más interesante invertir los conceptos y comenzar con su temática, propia de un devorador visual del entorno real. Gracias a una serie de dispositivos personales, como la conjunción de su propia experiencia, una mirada insaciable y unos recuerdos inalterables, crea una obra donde los bodegones y los paisajes acaparan la mayor parte de su producción. Aunque el elemento humano no abunda, si muestra interés por su presencia, una presencia anónima que normalmente se minimiza con la representación del paisaje, donde la figura de una persona se puede disipar entre la grandiosidad de las arboledas y los monumentos. Señalemos la notable aparición en su trabajo de los espacios fúnebres y sus populares símbolos, iconografía conocida como inquietante y oscura, pero concebida desde una perspectiva de agrado, armonía y paz.
Cuando hablamos de la forma, involuntariamente hablamos del color, pues forma y color se unen en el lenguaje del pintor. La concordancia sensorial es tal, que acaban convirtiéndose en los límites físicos de la obra de Sancho. Su carácter intuitivo le beneficia a la hora de percibir las dimensiones y los planos, moldeando la obra en múltiples trazos. Aunque parezca un galimatías cromático plasmado sobre una superficie plana, el cuadro cuenta con un equilibrio constante de elementos y colores delicadamente estudiados, donde la tonalidad y las partes se sistematizan para nuestra contemplación pictórica. De esta forma, los valores formales de su pintura crean un eje simple donde la profusión de la línea horizontal equilibra la verticalidad a veces producida por las dobles miradas de los reflejos acuáticos.
Su inquietud y expectación llegan a tal extremo que el destino perceptible de un cuadro puede cambiar de inmediato aportándole una nueva personalidad e incluso un nuevo argumento. La fusión y confusión de pinceladas y colores se funden en otra obra sin abandonar el soporte original, ya sea tabla o lienzo, fusionando dos cuadros o inspiraciones en un estudiado resultado final. Señalemos que dentro de su trabajo se pueden observar ciertas llamadas de atención al espectador, especies de signos o dibujos donde nuestros ojos se detienen inconscientemente y nuestra mente reflexiona cuando dan con ellos. Un uso puntual, exquisito e inteligente del difícil color blanco y la utilización de la madera como un tono más dentro de su labor artística, hacen del trabajo de David Sancho un juego constante de la idea de lo acabado y lo inacabado, llegando a ser una experiencia visual ciertamente acertada a través del hábil y diestro uso de los expresivos colores.

                                                     Noelia García Bandera

                                                      Historiadora del Arte


Valentía y color en la obra de David Sancho

Mª. Jesús Martínez Silvente

Doctora en Historia del Arte

Dedicarse a la pintura hoy es, cuanto menos, un gesto de valentía. David Sancho la conoció en su infancia y, desde entonces, no se ha separado de ella.
En este mundo de confusión creadora donde resulta tan complicada la lectura de la obra de arte, tantas son las prácticas y tan variadas las propuestas, a veces nos olvidamos de que hay artistas que confían su talento a medios tan tradicionales y contrastados como la pintura.
Valiente resulta también la fuerza con la que Sancho recurre al color -su característica más sobresaliente- mostrándolo en su pureza y en su mezcolanza, según se lo pida el lienzo. El estudio de las tonalidades se realiza con una meticulosidad extrema y los resultados que se obtienen no dejan lugar a dudas: lo que en teoría pueda parecer discordante, casa en armonía en una composición equilibrada.
El color prima sobre la forma que, en repetidas ocasiones, se afirma mediante la línea, el trazo grueso o las manchas difuminadas; los volúmenes conviven en sus espacios imposibles que, interiores o paisajes, sirven de marco a figuras que, en nuestra vida cotidiana, jamás convivirían. Pero la tradición y la naturaleza también se funden en la obra de este pintor antequerano , que muestra, de una manera muy característica, temas de siempre con una mirada actual. Sancho se sirve de claves tan modernas como la exposición de la presencia, la ausencia, el juego o la obra inacabada -y acabada por el espectador-, a las que da forma con el refuerzo de utensilios tan enraizados como la paleta y el pincel.
Tan barroco como para utilizar el bodegón e inclinarlo hacia el espectador; tan cubista como para mostrar los objetos desde varios puntos de vista; tan fauvista como para esgrimir los colores hasta dejarlos exhaustos, tan metafísico como para expresar la soledad del individuo; abstracto, figurativo, clásico, expresionista… David Sancho sabe conjugar lo mejor de todos ellos y crear una obra tan personal como valiente, cediendo al espectador la última palabra.

DAVID SANCHO, El color de la realidad

 

Si la poesía , ateniéndonos a la perfecta definición machadiana , es “ palabra en el tiempo”, ¿ podríamos decir que la pintura es , acaso, “ color en el tiempo”? No es un descubrimiento que poesía y pintura , palabra y color , tienen un hilo común, una línea continua que los comunica y los hermana como del tiempo , para explicar ( a sí mismos, y también a los demás) el mundo , para definir la realidad , bien como es , bien como quisieran que fuese.
David Sancho pertenece al grupo de quienes viene explicándonos su interpretación de la vida , mostrándonos sus opiniones , con el color como materia básica y el paisaje como argumento principal.
Desde un particular modo de construir la perspectiva con manchas de color y la inclusión de figuras gráficas y geométricas , el artista crea juegos de perfecto dinamismo ( unas veces cómico , otras dramático , como la vida misma) y de un marcado positivismo , determinando ineludiblemente por el color
En esta exposición , “ la mirada del visitante”, David Sancho ha abandonado aún más en la importancia del color y el comportamiento de la luz , Basado en las imágenes e impresiones que ha retenido en sus viajes , se sirve del color para mostrarnos las diferencias entre las distintas culturas , descubriéndolo en los elementos cotidianos , en la calle , en el paisaje , haciéndonos ver su idioma , su expresivo código , el reflejo psicológico que representa.
Usando mayoritariamente formatos cuadrados , que le ofrecen espacios más concentrados y una imagen mas controlada y directa, David Sancho analiza con maestría la sutil diferencia que el color tiene de unos países a otros, de unos hombres a otros a, y como se decantan hacia determinadas combinaciones , rechazando otras , y cómo eso es una forma pura de lenguaje.
El color , siempre el color. El color como protagonista, como constructor de planos y perspectivas. El color como espejo visual , como anécdota y como totalidad. El color como sentido último. El color como terapia. El color como huella humana. El color como palabra en el tiempo .El color como ultima . definitiva , ineludible realidad.
                                                                                                  Juan Gaitan
            Periodista y Novelista,  primavera 2008

 


 

CUADROS Y POESÍA

 

La mirada mandálica de David Sancho

La fuerte impresión de que lo que había leído en unas palabras de Juan Gaitán sobre la obra pictórica de David Sancho dan en la diana, muy posiblemente acompañan ahora mi decir.

Pero la percepción que tengo de los cuadros que he visto del artista plástico más maduro de su generación, (hablo de madurez en su oficio; hablo de su generación cronológica ; hablo en función de lo que todo eso conozco y he visto. Nada más) , es genuina hasta donde ello es posible: se produjo apenas comenzaba yo a ver sus creaciones, y cuando lo hacía , nada aún había leído de su obra y de las opiniones y valoraciones de ésta. Por otra parte no extrañaría yo que mi visión del arte coincidiera, y no poco, con la expresada por Juan: son muchas las cosas en que , aun sin pretenderlo y “ sin previo aviso” ambos coincidimos.

No voy a entrar en los caminos de la crítica especializada de la pintura, donde con frecuencia se buscan ecos, influjos, historia personal de un aprendizaje que ha transitado por tales o cuales maestros, inevitablemente anteriores.

Háganlo eso los expertos, los dotados para la palabra académica idónea, y vaya uno más bien a su personal manera como se ven las obra del espíritu  llevadas a términos con la materia de que cada modo de Sarte se maneja y plasma.

Y así , comienzo por decir que en la pintura de David Sancho  nada he visto que no sea fruto de un mirar frente al mundo desde “interiores contactos propios”, casi seguro que indecibles sin la poesía con que  él nos transmite el choque del espíritu y la materia , plasmaciones de nítidas simbologías cromáticas.¿ Son los cuadros de David Sancho mándalas? Porque en ocasiones, me lo parecen.

Intuyo que del mismo modo que al ver sus obras por primera vez y sentir lo que me es difícil de expresar en palabras, así también el propio artista , encarado a su interior vibrante ante ese mundo donde los objetos , los paisajes , los tiempos y todos los celajes del alma humana se entrecruzan y se hacen o se quieren hacer cosa plasmada en poesía,

(color y formas, o palabra y ritmos, ¿ que más da, al cabo? ¿No se dijo aquello de “ ut pictura poesis” ¿) , el solo ante el blancor del lienzo pone de si mismo lo que por espíritu y mirada halla en el interior de cada cosa, de cada instante, ya sea árbol, un paisaje urbano , un deslumbramiento personal ante el mundo . Y nos va dando en plasticidades lo que de su mirada le nace.

Y termino ya , ofreciendo ahora a la reflexión de quien esto lea y esos cuadros contemple, parte , ( sólo parte) , de lo que hizo brotar en mi interior la primera impresión de la poesía pictórica ( ¡ y mandálica!) de David Sancho. Es un poema.

Guerra es del tiempo, oh tiempos!

Y repentina una luz estalla una orgia de colores se armoniza y un temblor de lineas dibuja formas nacidas dónde

Y grita una joven , malherida : oh si,

sobre lienzo

de la batalla!

Nadie sabe de nadie y sólo el que pintaba mira intenso y quieto el hueco desde donde la mira su obra, oh muro vertical del museo

Solitario entre el gentío , enajenado : oh si,

Ante el lienzo

de la batalla!

Y una luz estalla repentina .

Y una orgía de colores se armoniza.

Y un temblor de líneas iluminadas.

Y un tiempo de guerras, oh tiempos!

Sobre estos campos verticales de lisos lienzos germinados.

Sobre estos campos:

estalla y

armoniza

y grita

sobre los lienzos

de las batallas ¡ Mirada quieta

 

Luego de mirar los mandálicos , celestes cuadros quietos):

 

Desnudo está el color primero y vivo

en la mirada.¿Nadie

nada dice

desde el azul o el rojo?

Ya están los ocres ,-¡ quién nos lo diría!-,

Encadenados a la tierra…Intensos

los blancos, -¡ libres , quietos!

Casi místicos,

se funden con los lirios.

 

 

 

¿Acaso los cuadrados son mandalas?

Nos llaman desde el muro

lo mismo que si fueran música ensimismada.

O flor o fruto.Leve la pregunta

Que late libre y quieta ante el atónito

espectador que ve

lo insólito resuelto en forma, lienzo o visión

elemental que nace

de aquel fulgor del niño que miraba

imaginarias luces sobre el árbol,

imaginarias luces

sobre las tapias albas de la infancia.

Oh ciprés eterno que señalaba nubes y celajes.

Horizontes desplegados

para el pincel que ansía

miradas lentas, quietas

adentro todas las respuestas …! Ved,

hermanos , esta orgía de luz , aquí , en la tela presa!

 

 

 

Ya no lo dudes: son mandalas

esos cuadros elementales, Anímicos mandalas . Que

Alma es

quien pinta más veras.

¿ Creías que el pintor no lo sabía,

desde el instante mismo

del lienzo en blanco , ya del espíritu

de indecibles contrastes enardecido?

 

 

Ardor, ardor!

No existe artista pleno que no lleve

sobre sus hombros, mundos.

¡Mundos y mundos: preñados de respuestas

que en lienzos te regalan

las preguntas

a ti,

si miras tú

el milagro,

plástico y cromático,

Insisto

en los cuadros!

 

 

 

 

                            Málaga. a 24 de septiembre de 2008

                                                                                                                                                        Manuel Laza Zerón

 


La pintura de David Sancho

(Para el catálogo de “la mirada del visitante”)

 

 

                               Y arroja el bastidor, y el oro arroja

                                                                 Pedro Espinosa

 

 

El rosa es plano y tiene su fuente y da su gracia,
y da su sombra a un verde posado y luminoso.
Pintura que deshace su aroma en luz, hermoso
Cristal para un jardín sin siglo y sin acacia.
Aquí mantiene el pulso un sol que irrumpe hacia
La tela y la desdobla, se destina al reposo.
Lo puro es un estanque, sin más brillo que el poso
de un reflejo furtivo que el viento torvo sacia.
La cúpula, la calle, la sombra del bazar,
el brillo en la tetera y el azul ultramar,
la pérgola del tiempo dando su nota viva.
Pintura sola, rama del árbol pensativa
que tiembla condenada y al acrílico nace,
se eleva, se bifurca, se talla , se deshace…

 

                                                             Rafael Inglada

                                                      Poeta y Editor. / 2008

 


La localización del color en David Sancho

 

Desde que Eugene Delacroix viajara a Marruecos en 1832 y quedara gratamente sorprendido no solo por la tonalidad trágica de las formas del mundo magrebí, sino también por el arrebato de la luz, muchos han sido los pintores (August Mack, Paul Klee, Louis Moilliet…, también viajeros al norte de África) que además de recoger una interpretación simbólica de ese mundo han llevado a cabo una profunda reflexión acerca del color.
Es en Marruecos, precisamente, donde otro pintor francés (Matisse), en 1911, llega al descubrimiento de lo que ha dado en llamarse la “localización del color”; es decir, la construcción previa del color en el objeto distinto al de la Naturaleza que tanta repercusión ha tenido en el desarrollo de la pintura actual.
Conviene significar que cuando percibimos la forma de un objeto es la mente la que se dirige a ese objeto; sin embargo, en la visión del color es el objeto el que se dirige a nosotros. La forma posee un control intelectual, mientras que el color desarrolla una experiencia emocional. Volviendo a Delacroix, la forma se dirige al espíritu y el color a los sentidos.
Si bien en los collages de David Sancho se aprecia a primera vista un cierto decorativismo que apunta a la cartelería, estos dos elementos que acabamos de mencionar, el color y la forma, constituyen –junto a la representación esquematizada del entorno magrebí– las líneas por donde discurre su última propuesta artística.
Esta obra, por tanto, se concreta en una simplificación formal muy geometrizante que obliga a la utilización de diversas escalas tonales de tintas planas. La oportunidad que ofrece el vinilo, como sustituto de una pigmentación monocromática de fácil ejecución, le ha permitido desarrollar en su composiciones una técnica mixta, cómoda y sencilla, apoyada en soportes de DM que procuran cierta textura necesaria para compensar el exceso constructivista de toda la representación.
El resultado, en todo caso, responde a plasmar (valiéndose de referentes fotográficos) un lenguaje lleno de elementos simbolizadores. El color siempre reclama una respuesta dialogante. De ahí que detrás de su acentuado esquematismo esté la realidad del objeto. El significante en su obra es a su vez el significado. Ambos convergen en una unidad, eso sí esquemática, pero no por eso menos sugerente. Hay, pues, detrás de cada cuadro, una visión poliédrica de la realidad. Esa realidad plasmada desde una óptica comprometida con la esencia del ámbito que representa, esto es: el entorno magrebí donde la luz destellante de los días, la cautivación por lo exótico o la exaltación de los sentidos propende a una plástica esencial. Y todo, sencillamente, porque la tiranía de la luz elimina el volumen y reduce a simples esquemas los aspectos formales de una muy específica visión del mundo.
Ver para sentir.

                                                    Antonio Abad